10 Abr

Vitaminas del complejo B: Vitamina B1 o tiamina

Alga espirulina, rica en vitamina B1

Vitaminas del complejo B: La vitamina B1 o tiamina

La vitamina B1 o tiamina fue la primera en descubrirse de las ocho vitaminas del complejo B. El nombre de tiamina le fue dado en 1937, cuando se determinó su composición molecular. El mismo indica que contiene azufre, lo que se expresa por el griego theion (azufre).

Un poco de la historia de la vitamina B1 o tiamina

Su historia inicia cuando se buscaba una cura para una enfermedad llamada beriberi. Con este nombre se designaba a un grupo de enfermedades que afectan el sistema nervioso periférico (beriberi seco), el sistema cardiovascular (beriberi húmedo) y el beriberi infantil. Hoy en día se conocen otras formas de la misma, en especial la que afecta al cerebro, que se conoce como el síndrome e Wernicke-Korsakov, muy común en alcohólicos.

El beriberi era una enfermedad que se conocía en Asia desde hacía miles de años. No obstante, llamó la atención que en la década de 1880 se convirtiera en  una epidemia en la colonia holandesa asiática. Provocó que la que la mitad de los bebés que nacieron en esa época fallecieran por su causa.

Debido a esto, Christiaan Eijkman, un médico perteneciente a la milicia holandesa, fue enviado a la isla de Java, que estaba bajo el dominio de Holanda. Se le asignó la tarea de descubrir cuál era el microorganismo que causaba el beriberi, enfoque probablemente influido por el descubrimiento de la bacteria que provocaba la tuberculosis por Edward Koch, en 1882. Este revolucionario hallazgo llevó a muchos científicos de la época a pensar en un origen microbiano para las enfermedades.

Así, los experimentos de Eijkman, realizados en pollos, estuvieron inicialmente orientados en este sentido, aunque posteriormente los mismos condujeron a deducir que el beriberi estaba más bien relacionado con la dieta: los pollos enfermaban al alimentárseles con arroz blanco cocinado, y mejoraban al proporcionárseles arroz integral crudo.

El arroz blanco se empleaba en los experimentos debido a que constituía el alimento principal de las dietas asiáticas, lugar ocurrían la mayoría de casos de beriberi. Así, se intuía podía existir alguna relación entre el mal y este alimento. Se pensaba quizás que algo que contenía el arroz provocaba el mal.

Eijkman tuvo que regresar a su país de origen debido a problemas de salud, y, aunque en dicho momento no tenía claro qué era lo que en realidad provocaba el beriberi, sus observaciones contribuyeron a determinar que el origen de esta enfermedad estaba en la dieta. De hecho, Adolphe Vorderman, inspector médico de unas 100 prisiones de la colonia, a quien Eijkman le había dado a conocer sus hallazgos, observó que las cárceles en las que se empleaba el arroz blanco había más casos de beriberi con relación a las cárceles en las que los presos se alimentaban con arroz integral.

Gerrit Grinjs continuó el trabajo de Eijkman en Java y descubrió que era posible prevenir o curar la enfermedad al agregar la cáscara del arroz y frijoles a la dieta de los pollos de los experimentos.  Grinjs quien llegó a la conclusión de que existían “substancias” en los alimentos cuya carencia provocaba daños grave al sistema nervioso periférico. Esto, antes que se conocieran las vitaminas tal y como las conocemos hoy.

Fue entonces que muchos científicos se empeñaron en aislar el desconocido componente presente en la cáscara del arroz. ¿Cuál sería aquel componente? ¿Qué aplicaciones tendría  además de currar el beriberi?

Aunque no se le menciona con frecuencia en la historia del descubrimiento de la vitamina B1, el científico japonés Umetaro Suzuki logró aislar para 1910 el componente presente en el salvado del arroz que prevenía y curaba el beriberi. Lo llamó ácido abérico (la actual vitamin B1 o tiamina). Presentó su descubrimiento en 1910 en la Sociedad Química de Tokio y en 1911 publicó un artículo científico sobre el tema en Alemania. Lamentablemente, sus hallazgos fueron ignorados debido a que la comunidad médica estaba convencida de que el beriberi tenía un origen microbiano y porque además no había logrado determinar la estructura molecular de la substancia.

En el mismo año, Casimir Funk, un científico polaco, creyó erróneamente que había logrado aislar el factor activo presente en la cáscara del arroz. Denominó el compuesto químico descubierto “Vital amine” (amina vital), al pensar existía una relación con los amino ácidos (o componentes básicos de las proteínas) de donde surgió el nombre “vitamina”.

No obstante, no es sino hasta 1926, cuando los científicos holandeses Barend Coenraad Petrus Jansen y Willem Frederik Donath aislaron la vitamina B1, que se reconoció el logro que debió haber correspondido a Umetaro Suzuki 16 años antes. Una década después, en 1934, el estadounidense Robert R. Williams determinó la estructura de la tiamina y, finalmente, logró sintetizarla en 1936.

¿Para qué sirve la vitamina B1 o tiamina?

La vitamina B1 o tiamina, como todas las vitaminas  del complejo B, ayuda a convertir los carbohidratos de los alimentos en  glucosa, el combustible del cuerpo y por el que nuestro cuerpo produce energía. Igualmente, ayuda a metabolizar los ácidos grasos,  las proteínas y los ácidos nucleicos (ADN y ARN).

La tiamina en su forma libre se absorbe rápidamente en el intestino delgado. Las dos formas activas principales de la tiamina, sintetizadas a partir de la forma libre, son:

  • El pirofosfato de tiamina (TPP) o difosfato de tiamina (TDP), que es transformado esencialmente en las células hepáticas. Esta forma está relacionada con actividades metabólicas mencionadas anteriormente (carbohidratos, ácidos grasos, proteínas y ácidos nucleicos).
  • El trifosfato de tiamina (TTP) es la forma conocida por su actividad neuroactiva, ya que participa en la síntesis de sustancias que regulan el sistema nervioso. No obstante, se sospecha sus funciones son más amplias.

Se necesita un suministro constante de esta vitamina, ya que la cantidad de tiamina que el cuerpo puede almacenar es limitada y puede agotarse en unas dos semanas o menos si se deja de suministrarse. Los músculos, el hígado, el corazón, los riñones y el cerebro almacenan las mayores concentraciones de esta vitamina, seguidos por los leucocitos y los glóbulos rojos. Los riñones son los encargados de eliminar el exceso por medio de la orina e igualmente puede eliminarse por medio del sudor.

¿Cómo se manifiesta la deficiencia de vitamina B1 o tiamina?

La deficiencia de tiamina se presenta de formas diversas con síntomas muy diversos que podrían confundirse con los de otras enfermedades. La deficiencia de esta vitamina suele clasificarse en la de tipo seco (sistema nervioso) y la de tipo húmedo (sistema cardíaco). Los nombres de las clasificaciones se les han asignado por la acumulación de líquido que suele ocurrir en cada caso, aunque puede darse una mezcla de ambas.

La condición se manifiesta a través de cambios que afectan el sistema nervioso, el sistema cardiovascular así como el tracto gastrointestinal.

Síntomas relacionados con el sistema nervioso:

  • Polineuritis (inflamación) y parálisis de los nervios periféricos. O bien, daños al sistema nervioso periférico (que no abarca ni el cerebro ni la médula espinal).
  • Variaciones en el sistema sensorial. Primero, se afecta la sensación del tacto, posteriormente se manifiesta el dolor y finalmente se altera la sensibilidad a la temperatura.
  • Pérdida de sensación del dedo gordo del pie y parestesia (hormigueo, sensación de ardor y calambres) en las piernas y en los dedos de los pies, que va avanzando de abajo hacia arriba en el cuerpo, a medida que se agrava la enfermedad.
  • Parálisis de los nervios motores o los que producen movimiento, que también asciende en el cuerpo de manera paulatina.
  • Debilidad muscular
  • Dificultad para caminar y parálisis definitiva en casos muy graves.

Síntomas relacionados con el sistema cardiovascular:

  • Palpitaciones (taquicardia)
  • Debilidad
  • Dificultad para respirar
  • Dolor en el corazón
  • Agrandamiento del corazón hacia la derecha (etapa avanzada)
  • Mareos (etapa avanzada)
  • Presión baja (etapa avanzada)
  • Congestión pulmonar (etapa avanzada)
  • Aumento del tamaño del hígado (etapa avanzada)
  • Insuficiencia cardíaca aguda (etapa avanzada)
  • Muerte súbita (etapa avanzada)

Síntomas relacionados con el tubo digestivo:

  • Retraso en la digestión
  • Dilatación del colon
  • Pérdida del apetito (anorexia)
  • Malestar abdominal no específico
  • Estreñimiento
  • Náusea y vómitos (etapa avanzada)

¿Qué produce la deficiencia de tiamina o vitamina B1?

Se ha observado que la deficiencia de tiamina o vitamina B1 suele surgir cuando la dieta es poco diversa y cuando abundan los alimentos que contienen poca o ninguna vitamina B1 o tiamina. Así, se ha visto presente en países que tienen como plato principal el arroz blanco, como es el caso de los países asiáticos, especialmente después de que la industrialización despojara al arroz completamente de su cáscara, en la que se encuentra presente este nutriente esencial así como otros nutrientes importantes.

Igualmente, la deficiencia de tiamina también puede presentarse no solo en dietas en las que prima el consumo de arroz blanco sino en aquellas en las que abundan los alimentos elaborados a base de harinas refinadas (pan blanco, pastas, rosquillas, pasteles, buñuelos etc.), las cuales, a su vez, demandan una mayor cantidad de esta vitamina por tener un alto contenido de carbohidratos. Aunque hoy en día muchos alimentos son fortificados con vitamina B1 y otras vitaminas, hay que tener en cuenta que la variedad y el consumo abundante de alimentos no procesados constituyen los elementos clave de una dieta saludable.

Por otro lado, existen otros factores que reducen la actividad biológica de la tiamina, o bien, interfieren con su absorción o digestión, aunque se ingieran cantidades adecuadas de la misma. Los mismos son los siguientes:

  • El alcohol presente en las bebidas alcohólicas, ya que el etanol evita la absorción de la tiamina.
  • La tiaminasa, que es una enzima presente en algunos pescados crudos, especialmente en los de agua dulce y también en el aranque. El calor destruye esta substancia, por lo que solo está presente en pescados crudos.
  • Los polifenoles, que son substancias resistentes al calor y que están presentes en varios alimentos de origen vegetal como es el caso del té y las nueces de betel.
  • Algunos flavonoides presentes en los tejidos animales.
  • Algunas bacterias, como es el caso del Bacillus thiamineolyticus, que puede estar presente en los intestinos.
  • Los taninos presentes en las hojas de té, que los habitantes de ciertos países tienen por costumbre masticar.

Fuentes de vitamina B1 o tiamina

Todos los organismos vivos necesitan la tiamina, pero la misma es solo sintetizada en bacterias, hongos y plantas. De ahí que los humanos debamos obtenerla a través de la dieta. A diferencia de las vitaminas A, D, E y K, solubles en grasa, todas las vitaminas de complejo B son solubles en agua, por lo que el cuerpo no las almacena. El exceso es excretado por medio de la orina.

La tiamina está presente tanto en alimentos de origen vegetal como en alimentos de origen de origen animal. Aunque en la actualidad las deficiencias de tiamina son raras, los alcohólicos, las personas que consumen diuréticos, las personas que padecen la enfermedad de Crohn, anorexia así como los pacientes que se someten a diálisis son, entre otros, más propensos a  padecerla.

Su absorción ocurre en el intestino delgado como tiamina libre y es favorecida por la presencia de vitamina C y de ácido fólico pero es inhibida por la presencia de etanol (alcohol).

Si se recurre a la sumplementación hay que tomar en cuenta que las vitaminas del complejo B actúan de manera conjunta. Así, al tomar vitamina B1 o tiamina debe tomarse por igual un complejo con las demás vitaminas del complejo B.

Alimentos con vitamina B1 o tiamina

Aunque la mayoría de los alimentos contienen vitamina B1, no todos incluyen cantidades significativas de este nutriente. Igualmente, hay que tomar en cuenta que el calor y el procesamiento de los alimenos destruye la vitamina B1 o tiamina.

Por esto, hay que tomar en cuenta que el cocinar los alimentos tanto por métodos convencionales como por medio del microondas puede provocar la pérdida de un 20 % a un 50 %  del contenido de vitamina B1. Una cocción más prolongada, como por ejemplo asar un alimento durante una hora a 300 ºF (205 ºC), podría provocar la pérdida total de esta vitamina.

A continuación presentamos algunos alimentos que contienen vitamina B1 y que nos pueden ayudar a garantizar un nivel adecuado de la misma:

 

Alimento

Cantidad Contenido

%DV (Valor diario)

Espirulina seca (alga)

1 taza

2.7 mg

178 %

Habichuelas rosadas o frijoles rosados cocidos 1 taza 0.4 mg 29 %
Habichuelas o frijoles blancos pequeños cocidos 1 taza 0.4 mg 28 %
Habichuelas negras o frijoles negros 1 taza 0.4 mg 28 %
Guisantes partidos o arvejas partidas cocidos 1 taza 0.4 mg 25 %
Semillas de girasol, secadas naturalmente ½ taza 0.35 mg 22.5 %
Lentejas cocidas 1 taza 0.3 mg 22 %
Habichuelas pintas o frijoles pintos cocidos 1 taza 0.3 mg 22 %
Tomates secos 1 taza 0.3 mg 19 %
Semillas de girasol, asadas con aceite y sin sal ½ taza 0.2 mg 14.5 %
Batata o camote hervida con la cáscara 1 taza 0.2 mg 14 %
Arroz integral de grano mediano cocido 1 taza 0.2 mg 13 %
Mantequilla de sésamo o ajonjolí  (Tahini) 1 taza 0.2 mg 12 %
Arroz integral de grano largo cocido 1 taza 0.2 mg 12 %
Semillas de linaza 1 cucharada 0.2 mg 11 %
Espinaca cocida 1 taza 0.2 mg 11 %
Piña 1 taza 0.2 mg 11 %
Espárragos hervidos ½ taza 0.1 mg 10 %
Semillas de girasol, asadas sin aceite y sin sal ½ taza 0.05 mg 4.5  %

Fuentes:

  1. http://umm.edu/health/medical/altmed/supplement/vitamin-b1-thiamine
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Vitamina_B1
  3. https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/druginfo/natural/965.html
  4. http://www.whfoods.com/genpage.php?tname=nutrient&dbid=100
  5. https://en.wikipedia.org/wiki/Thiamine
  6. http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/themes/medicine/carpenter/
  7. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2889456/
  8. http://www.robinsonlibrary.com/science/chemistry/biography/suzuki.htm
  9. http://www.japanese-greatest.com/biology-medicine/umetaro-suzuki.html
  10. http://www.unhcr.org/4cbef0959.pdf
18 May

Beneficios de la vitamina D: más allá de la salud de los huesos

El sol, fuente de vitamina D

Los beneficios de la vitamina D

La vitamina D pertenece al grupo de las vitaminas solubles en grasa, junto a la A, la E y la K. Fue descubierta a principios del siglo XX, época en que hubo en despertar en interés de los hombres de ciencia en el estudio de la relación entre la nutrición y las enfermedades. Fue entonces cuando se comenzaron a estudiar formalmente las substancias que hoy conocemos como vitaminas. Hoy en día, muchos consideran que, más que una vitamina, la vitamina D es una hormona por sus diversas funciones reguladoras. Así, vale la pena conocer los diversos beneficios de la vitamina D.

Un poco de historia

En 1914 el bioquímico estadounidense Elmer Vernon McCollum aisló de la materia grasa de la leche una substancia liposoluble que observó promovía el crecimiento y prevenía una enfermedad de la vista llamada xeroftalmia. Denominó dicha substancia como “factor A”.

Interesado en el hallazgo, en 1919, el investigador británico Sir Edward Mellanby realizó experimentos con cachorros de perros. Cuando los animales se alimentaron exclusivamente con leche descremada y pan a la vez que se les privó de la luz solar o artificial, los animales presentaron debilidad y deformaciones en los huesos. No obstante, mejoraron cuando se les suministró la materia grasa de la leche y el aceite de hígado de bacalao. Esto hizo sospechar a Mellanby que existía una relación entre el “factor A” y el raquitismo, una enfermedad que produce debilidad y deformidades en los huesos. En la época, el raquitismo constituía un gran problema de salud pública tanto para el Reino Unido como para otros países del mundo.

Por otro lado, el también británico Frederick Gowland Hopkins descubrió que el calor y la aireación destruían el “factor A” de la materia grasa de la leche. Observó que, al destruirse este elemento, quedaban anuladas las propiedades que favorecían el crecimiento y que no se evitaba la aparición de la xeroftalmia en las ratas.

Este descubrimiento llevó a Elmer McCollum y a sus colaboradores a realizar experimentos en los que se empleó el aceite de hígado de bacalao sometido al calor y la aireación. Se observó que un aceite sometido tal proceso no evitaba la xeroftalmia en las ratas, aunque sí evitaba el raquitismo.

Un factor diferente

Esto llevó al equipo de McCollum a concluir que era otra la substancia con propiedades antirraquíticas. Así, empleando la aireación, lograron aislar dos factores solubles en grasa: el factor A (que quedaba desactivado) y el factor D (que permanecía activo). A estos posteriormente, se les denominó “vitamina A” y “vitamina D”, respectivamente.

Se le asignó la letra “D” al recién descubierto factor, pues ya se habían asignado las letras anteriores en precedencia a los factores A, B y C, que posteriormente se convertirían en las respectivas vitaminas que conocemos hoy. Casimir Funk fue quien propuso el nombre de “vitamina”.

La vitamina D y la luz

En 1903 el médico danés Niels Finsen ganó el premio Nobel al ser el primero en emplear la fototerapia o, en otras palabras, la luz para curar enfermedades. A través de la luz, trató con éxito enfermedades tales como la tuberculosis y el lupus.

También en 1903, probablemente inspirado por los hallazgos de Finsen, el médico suizo Augusto Rollier fundó un sanatorio en los Alpes suizos en el que se empleó la helioterapia (el uso de la luz solar con fines curativos) para tratar pacientes con diversas enfermedades, incluidas la tuberculosis y el raquitismo. En 1919, llegó a afirmar en una publicación que la curación por medio de los rayos solares constituía el mejor tratamiento para el raquitismo.
Igualmente, en 1919, el Dr. Kurt Huldschinscky, de origen alemán, fue pionero en el empleo de los rayos ultravioleta para tratar el raquitismo. Intuyó en que si la luz solar servía para tratar enfermedades, entonces debería lograrse el mismo efecto con la luz artificial. La aplicación del tratamiento con luz artificial en niños raquíticos demostró que estaba en lo cierto.

Unos años después, en 1922, Harriette Chick y sus colaboradores, trataron con éxito varios niños raquíticos en una clínica de Viena posteriormente a la I Guerra Mundial. Emplearon aceite de hígado de bacalao y leche entera, pero también observaron el sol era capaz de curar la enfermedad.

Los beneficios terapéuticos obtenidos por medio de la vitamina D ingerida así como los logrados a través de la exposición a la luz solar y artificial en el tratamiento del raquitismo, motivaron la realización de diversos experimentos paralelos por equipos de científicos distintos en los que se perseguía encontrar la relación entre la vitamina D y los efectos salutíferos de la luz.

Así, en 1924, Hume y Smith realizaron experimentos en ratas en las que se había creado un raquitismo inducido. Éstas mejoraron al aplicárseles rayos ultravioleta. Por otro lado, Golbatt y Soames, en el mismo año, alimentaron ratas raquíticas con los hígados de ratas irradiadas y también observaron mejoría. En otro experimento, Steenbock y Black, decidieron alimentar las ratas raquíticas con hígados irradiados después de haberse extirpado a otras ratas y también tuvieron éxito.

Hess y Weinstock, por otro lado, hicieron algo diferente. Realizaron experimentos en los que irradiaron con rayos ultravioleta alimentos de origen vegetal que de por sí no tienen propiedades antirraquíticas, tales como el aceite de linaza o el aceite de semilla de algodón. Descubrieron que la irradiación de dichos alimentos activaba las propiedades antirraquíticas.

Posteriormente, se realizaron varios experimentos para determinar cuáles eran esas substancias que al exponerse a los rayos ultravioleta se convertían en otras substancias con propiedades antirraquíticas. Se descubrió que en el reino vegetal diversos fitoesteroles (esteroles de origen vegetal) eran los precursores de la vitamina D presente en el reino vegetal. Por ejemplo, Windaus y Hess descubrieron el ergorestrol, presente en las membranas de los hongos.

En 1931, por primera vez se logró aislar el producto del ergorestrol posterior a la irradiación. Es decir, en lo que se convertía el ergorestrol cuando se exponía a la luz. A esta substancia se le denominó vitamina D2 o ergocalciferol. Más tarde, en 1936, Windaus y Thiele determinaron su estructura.

Se pensaba que el precursor de la vitamina D en los animales lo era el colesterol. Esto fue así, hasta que, en 1937, el equipo conformado por Windaus y Bock lograron aislar el verdadero precursor, la enzima 7-dehidrocolesterol, a partir de la piel del cerdo. Encontraron, por igual, que la misma se encontraba presente en la piel de las ratas y de los humanos, así como en alimentos de origen animal como la leche entera y el hígado. Al producto de la irradiación del 7-dehidrocolesterol (o en lo que se convertía esta substancia al exponerse a la luz) se le denominó vitamina D-3 o colecalciferol.

Cómo obtener la vitamina D

La podemos obtener de las siguientes formas:

1) Al exponer nuestra piel al sol. Por el efecto de los rayos ultravioleta B (UVB), la enzima 7-dehidrocolesterol se convierte en vitamina D3 o colecalciferol. Es la mejor forma de obtener esta vitamina.

2) Al ingerir alimentos que contienen vitamina D. La vitamina D3 está presente en algunos alimentos de origen animal, tales como la leche y el aceite de hígado de bacalao. La D2 está presente en una cantidad limitada de ciertos alimentos de origen vegetal, como es el caso de algunos hongos.

3) Al ingerir suplementos con vitamina D, ya sea vitamina D3 (colecalciferol) o vitamina D2 (ergocalciferol). La vitamina D2 (ergocalciferol), la forma sintética, se produce a partir del ergorestrol presente en las plantas por medio de la acción de los rayos ultravioleta. Esta forma no es recomendable ya que ciertos estudios han demostrado que puede producir toxicidad.

La vitamina D (sea D3 o D2) es inactiva desde el punto de vista biológico. Esto quiere decir que el cuerpo no la puede utilizar como tal, sino que la misma debe transformarse antes de poder ejercer su función. Así, en el hígado el colecalciferol (vitamina D3) o ergocalciferol (vitamina D2) se convierte en calcidiol (D3) o ercalcidiol (D2) y, posteriormente, en los riñones, el calcidiol o ercalcidiol, se convierte en calcitriol o ercalcitriol, que es la forma activa de la vitamina D.

Beneficios de la vitamina D: no solo para los huesos

La vitamina D tiende a asociarse a la salud de los huesos, ya que su descubrimiento se realizó dentro de un contexto de experimentos asociados al raquitismo, una enfermedad ósea que a principios del siglo XX constituyó un problema de salud pública tanto en Europa como en los EE. UU.

Esta vitamina contribuye a mantener el equilibro del calcio al promover la absorción de este mineral en los intestinos, al promover la reabsorción de los huesos, al mantener niveles adecuados de calcio y fosfato para la formación de los huesos, y al permitir el funcionamiento adecuado de la hormona paratiroides para mantener niveles apropiados de calcio en la sangre. Igualmente, resulta vital para la remodelación de los huesos, ya que los huesos viven en un constante proceso de deconstrucción-reconstrucción.

No obstante, la función de esta vitamina es mucho más amplia y va más allá de la regulación del metabolismo del calcio. En la actualidad, diversos estudios avalan los beneficios de la vitamina D para condiciones diversas y, cada día, a medida que se conoce más sobre ella, se amplía su espectro de incidencia. Ha demostrado ser útil en los siguientes casos:

  1.  Cáncer. No solo para la prevención, sino para evitar la progresión y la metástasis de diferentes tipos de cáncer.
  2. Enfermedades infecciosas, tales como la tuberculosis, la influenza e infecciones del tracto respiratorio superior.
  3. Enfermedades autoinmunes, tales como la esclerosis múltiple, el lupus y la artritis reumatoide.
  4. Hipertensión arterial. Estudios transversales muestran una relación entre niveles bajos de vitamina D en la sangre y una mayor presión arterial. Igualmente, en otros estudios se ha observado una disminución en la presión arterial de pacientes hipertensos al ser expuestos a la radiación de los rayos ultravioleta.
  5. Enfermedades cardiovasculares. En varios estudios prospectivos se ha encontrado una relación entre la deficiencia de la vitamina D y los eventos cardiovasculares.
  6. Esquizofrenia y depresión. Se ha encontrado una relación entre la deficiencia de vitamina D y la incidencia de la esquizofrenia y la depresión.
  7. Función pulmonar, respiración silbante y asma. Diversos estudios transversales sugieren que niveles menores de vitamina D están asociados a una función pulmonar disminuida. Así, niveles bajos de vitamina D se han relacionado con la incidencia de asma en los niños y con un mayor riesgo de infecciones respiratorias debido a la influenza tipo A y la tuberculosis.
  8. Diabetes. Un estudio realizado en 10,366 niños a los que se suplementó con 2000 UI de vitamina D3 y a los que se dio seguimiento durante 31 años se demostró una reducción de un 80 % en la incidencia de la diabetes tipo 1.
  9. Enfermedad periodontal y la caries. Un estudio realizado en 12,976 personas demostró una relación inversamente proporcional entre los niveles de vitamina D en la sangre y la enfermedad periodontal. Igualmente, en un estudio realizado en niños de 1 a 5 años, desde agosto de 2010 hasta mayo de 2011 se demostró que una alta proporción de los niños con caries dentales tenían deficiencias de vitamina D.
  10. Enfermedades dermatológicas, para tratar la dermatitis atópica, la psoriasis y el eczema.
  11. Autismo. Estudios reciente sugieren que existe una relación entre el autismo y la deficiencia de vitamina D, especialmente durante la gestación. Aunque no existen resultados concluyentes, en estudios realizados se ha observado que existen deficiencias de vitamina D en las personas que padecen de autismo, a la vez que se ha observado mejoría en los pacientes suplementados con vitamina D.
  12. Expectativa de vida. Varios estudios correlacionan niveles altos de vitamina D en la sangre con una mayor longevidad.

Como podemos observar, la vitamina D ejerce un rol importante y amplio en la preservación de nuestra salud. Diversos estudios han relacionado su deficiencia con diversas enfermedades. De ahí la importancia de que garanticemos nuestra dosis diaria de este importante nutriente que tiene incidencia en unos 3,000 genes de nuestro cuerpo. La mejor forma es a través de la luz solar, en el momento en que está presentes los rayos ultravioleta B (Algo que trataremos más adelante). Igualmente, cuando la exposición a la luz solar no es posible, la suplementación con vitamina D3 parece ser la segunda mejor opción para garantizar niveles óptimos. Debe evitarse la forma sintética o D2, la cual ha demostrado ser menos eficaz y puede producir toxicidad.